capítulo 22

​Máximo no podía creer lo que escuchaba. La sangre le hervía mientras el veneno de Leticia flotaba en el aire de la bodega como un gas letal.

​—¿Qué demonios le has dicho? —rugió Máximo, y su voz fue un latigazo que cortó el silencio—. Sabes perfectamente que todo eso son mentiras. ¡Eres una basura, Leticia!

​Él se acercó a ella con una furia incontenible. Antes de que pudiera reaccionar, Máximo la tomó del cuello, acorralándola contra la pared metálica del hangar. El metal crujió baj
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