I. El rugido del motor
Máximo no perdió un segundo más. Salió del departamento de Amanda a toda velocidad, bajando las escaleras como una flecha, impulsado por un miedo que nunca había conocido. Mientras corría, marcó el número de su jefe de seguridad con una mano temblorosa de rabia. Su voz no era la de un hombre de negocios; era la de un general a punto de entrar en guerra.
—Rastrea el GPS del auto de Leticia Boran. Ahora mismo —ordenó—. Y quiero acceso a