Estaba próximo a cumplirse tres horas desde que Sergio llevara a Laura al hospital luego de haberla encontrado tirada en el suelo del cuarto de baño a penas respirando con su rostro pálido y sus labios negros. Casi tres horas aguardando impaciente por el informe del médico, sentado en la sala de espera, culpándose por no haber reaccionado a tiempo. En el fondo sabía que la depresión por la que atravesaba su hija era más grande de lo que quería creer, pero temía no poder manejarlo, y ahora estab