CAPÍTULO 76
Clara estaba en el restaurante cuando Catarina llegó. Llevaba el cabello recogido en un moño desordenado, un suéter de lana gruesa y jugaba nerviosamente con el borde de una servilleta de papel.
Ni bien se vieron, las dos mujeres acortaron la distancia que las separaba y se fundieron en un abrazo profundo, apretado y desesperado. Catarina hundió el rostro en el hombro de su amiga, cerrando los ojos mientras sentía que una lágrima de puro alivio se deslizaba por su mejilla.
— Perdóna