CAPÍTULO 26
Luego de cuidar varios días a Sebastian, y viendo que ya estaba mucho mejor. Catarina decidió encontrarse con su amiga.
— ¡Llegas cinco minutos tarde! —exclamó Clara cuando Catarina se sentó, dándole un beso sonoro en la mejilla—. Antes llegabas dos horas tarde y con una mancha de café en la camisa.
Catarina sonrió, dejando su bolso estructurado sobre una silla vacía y alisándose la falda de su traje gris perla.
— La puntualidad es una virtud, Clara. Es respeto por el tiempo ajeno.