CAPÍTULO 24
Sebastián estaba recostado contra el cabecero de la cama, con los ojos entrecerrados y la respiración un poco más pausada gracias al efecto de los analgésicos. La fiebre había bajado a treinta y ocho grados, lo suficiente para dejar de temblar.
Catarina estaba sentada en la silla del comedor que había arrastrado junto a la cama, con las piernas subidas al asiento. Llevaba puesta una camiseta gris de Sebastián que le quedaba como un vestido, y lo observaba con una mezcla de curiosida