CAPÍTULO 23
Eran las siete y cuarenta y cinco de la mañana. Llevaba puesto uno de los conjuntos que habían comprado en Vanguardia: unos pantalones de pinzas color camel y una blusa de seda negra. Su cabello estaba recogido en una coleta baja, impecable, y se había tomado el tiempo de desayunar algo más nutritivo que solo leche con cereales.
Se paró frente a la puerta de su departamento, bolso en mano, esperando la rutina habitual. La rutina que se había establecido tácitamente en los últimos dí