El maldito Eitor, lo hubiese lanzado contra la ventana, pero no podía culparlo, pensé. Solo le iba a tolerar ese golpe. Esperaba que lo dejara pasar. Me veía con odio y entendí que si me equivoque, ella le importaba mucho. Quizás estaba enamorado.
Jelena se veía muy sensual con esos jeans y esos tacones. Estaba nerviosa, temblaba allí sentada. No me gustaba verla así. Estaba tan cerca y tan lejos, no podía tocarla. Por un momento quise mandar todo a la m****a y abrazarla y besarla. ¿Por qué no