El imbécil de Gael estaba en mi puerta gritando como un histérico. Abrí la puerta y los dejé entrar, estaba tan cansado de él y de su hermanito ya.
—¡Estoy seguro de que los vecinos deben jurar que eres mi pareja! —le dije a Gael.
—¡Si bueno! Y me pones los cuernos, me engañas, por eso me toca venir a gritarte —replicó.
—¡Lindo! ¿Qué pasó ahora?
—¡La puta de la Van de Venter! ¿La enviaste tú?
—¿Qué? Olivia, ¿Te fue a ver? Imposible, esa mujer sabe tanto de ustedes como de la ciencia nuclear. ¿Fu