—Marvin, ¿estás bien? —oí decir a mamá—. Pareces a punto de desmayarte.
—Bien —dijo él con voz ronca—. Solo… algo en la garganta.
Me mordí el labio para no reírme.
En la cocina, me apoyé contra la encimera, dando lentos sorbos de agua, el corazón latiéndome con anticipación. Sabía que vendría. Sabía que no podría resistirse.
No tardó mucho.
Oí la voz de mamá llegar desde el comedor. —Voy al baño un momento. Ahora vuelvo.
Pasos. El sonido de una puerta cerrándose arriba. Y entonces, la puerta de