La ducha había hecho poco por borrar el recuerdo de su toque.
Me quedé bajo el chorro caliente lo que me pareció una eternidad, dejando que el agua cayera sobre mi piel, intentando enfriar el calor que todavía ardía bajo la superficie. Su semen se había secado en mi cara, en mis pechos, en mi vientre… un recordatorio pegajoso de lo que habíamos hecho, de lo que casi nos habían pillado haciendo.
Me froté hasta quedar limpia, pero no pude borrar la sensación de sus manos en mi cuerpo, de su boca