Mis piernas se movieron antes de que mi cerebro pudiera reaccionar. Un segundo estaba allí de pie, con el corazón golpeando fuertemente contra mis costillas, y al siguiente mis rodillas se doblaban, hundiéndose en los azulejos fríos y pegajosos del suelo del baño de hombres. La mugre se registró en algún lugar en lo más profundo de mi mente... Dios sabe qué había en estos suelos, pero no importaba.
Nada importaba excepto la forma en que él se erguía sobre mí ahora, este masivo desconocido en su