Aaron
La reunión se alarga, interminable, sumida en una neblina de voces y cifras.
Las palabras me llegan como a través de un muro de cristal: presupuesto, plazo, rendimiento, estrategia.
Todo suena vacío.
Estoy ahí sin estarlo.
Lo que veo no son los gráficos proyectados en la pared, sino sus manos.
Sus manos.
Fleure.
Delicadas, nerviosas, manchadas de tinta, que trazan la vida en el papel con una intensidad que me vuelve loco.
Las imagino deslizándose sobre la superficie fría de