Aaron
Subo las escaleras lentamente, cada peldaño resuena como un latido demasiado fuerte. Detrás de mí, el silencio se establece. No hay un ruido, no hay una palabra. Solo esta tensión suspendida entre nosotros, más densa que la propia noche.
Me digo que debería ir directamente a la oficina, terminar este expediente, evitar la tentación. Pero mis pasos me traicionan: voy hacia nuestra habitación.
La puerta está entreabierta. Una luz suave filtra desde el interior. Fleure está allí, sentada al