Amina
Termino de pasar un último golpe de esponja sobre la encimera. Todo está en orden, inmóvil, mientras mi mente está en tumulto. El eco del agua de la ducha se ha detenido hace un momento, reemplazado por un silencio cargado, casi opresivo.
Sé que está ahí, en algún lugar, a unos pasos. Quizás en su habitación, quizás aún en el pasillo. Mi estómago se aprieta solo de pensarlo.
Decido ducharme a mi vez. Pretexto perfecto para cruzar su camino.
Avanzo por el pasillo, mis dedos juegan nerviosa