Amina
La casa está silenciosa, la ausencia de mi hermana me da una libertad deliciosa. Me deslizo en la sala, consciente de cada paso, cada roce de mis pies contra el parquet. Mi mente es un fuego que arde desde nuestra colisión accidental, y siento que puedo jugar con él una y otra vez.
Llevo una braga que se ajusta perfectamente a mis caderas redondeadas, una camiseta delgada y ligeramente pegajosa que deja entrever las puntas de mis pechos. Me miro un instante en el espejo del pasillo, sonri