Aaron
El tintineo del champán aún resuena en mis oídos cuando dejamos la villa. La lluvia, fina como una bruma de plata, cubre los adoquines de reflejos cambiantes. El chofer abre la puerta del coche negro. Fleure se sienta a mi derecha, con la espalda recta, las manos cruzadas sobre su vestido, la apariencia de una estatua que ninguna emoción atraviesa.
Cierro la puerta, y el mundo exterior se desvanece. Silencio. Solo el ronroneo del motor. La miro. Su perfil es una línea nítida contra la ven