En los días siguientes, la tensión podía palparse en el aire.
Alexander evitó todo lo que pudo las comidas en familia.
Diana andaba errante, tras que su esposo le hiciera partícipe de su decisión de instalarlas en Londres. Ella ya se había acostumbrado a la campiña, al menos aquí no era testigo de los líos de su esposo. Por lo menos cuando él estaba aquí era todo suyo. Las niñas tampoco parecían tomarse muy bien su partida, y estaban muy irritables.
Anna estaba feliz por su futuro matrimoni