Iliana había insistido en acompañar a su esposo al pueblo para los trámites.
Todo estaba en orden y bien redactado, así que la firma fue una mera formalidad.
El señor Mc Konan parecía aliviado de sacarse el tema de encima. Le entregó a la pareja la documentación, una alcancía con el dinero en metálico y las llaves de la propiedad.
Iliana había convencido a William para visitar la propiedad ese mismo día. No le parecía sano posponer más tiempo ese momento. Fuera la que fuera, la sensación que