Caminaron hacia barra. Se sentaron sobre dos altos taburetes de terciopelo.
—¿Lista para perder la cabeza por una noche? —preguntó Gema con picardía.
Lena se encogió un poco en el asiento, sintiéndose fuera de lugar. Hizo un puchero inconsciente.
—Pide tú, por favor. Yo… no estoy acostumbrada. Ni siquiera en mi boda pude probar el champán —confesó, y la mención de su fallido matrimonio le dejó un regusto amargo en la boca que esperaba que el alcohol borrara.
Gema no necesitó que se lo pidieran