La relación entre Bruno y Lena era tensa. Bruno había instalado una oficina para sí mismo en Dransen Ingeniería C.A. Aunque ambos eran accionistas mayoritarios, Lena daba órdenes como una emperatriz, ignorándolo por completo.
Siempre le decía: "Bruno, no te preocupes por eso, yo ya lo resolví", él percibía su sarcasmo y sentía que un pequeño puñal se clavaba en su orgullo. La rabia le hervía por dentro, como un volcán silencioso a punto de encontrar su grieta. No le quedaba más que soltar un su