Gema salió detrás de los padres de Pavel y preparó su salida del hospital. El camino hacia el departamento de Pavel transcurrió en un silencio espeso y opresivo. Ella lo miraba de vez en cuando, pero él permanecía impasible, solo mirando fijamente por la ventana. El auto se llenó de un pesado mutismo, roto solo por el sonido de sus respiraciones.
Al llegar, ella lo ayudó a bajar del carro, sosteniéndolo mientras él se apoyaba en las muletas. Al entrar al departamento, la tensión que Gema había