Bruno estaba en una reunión importante cuando la puerta de la sala de conferencias se abrió de golpe. Todos los ejecutivos giraron la cabeza hacia su secretaria, quien, con el rostro tenso, posó sus ojos sobre su jefe.
—Señor Barken, disculpe la interrupción —anunció con voz quebrada por la urgencia—. su hermana Gema insiste en hablar con usted. Es sobre Leía. Dice que no puede esperar.
El corazón de Bruno se encogió. Había dejado su teléfono en la oficina, y ahora, al escuchar el nombre de su h