Alara permanecía en silencio, viéndose reflejada en Griselda. En esos ojos desesperados, reconocía a la mujer que una vez fue: vulnerable, enamorada de un hombre frío cuyo corazón nunca latió por ella. Un dolor antiguo le recorrió el pecho, agudo y familiar. No deseaba intervenir, pero la situación había traspasado todo límite y no podría quedarse quieta.
—Señorita —dijo con calma, midiendo cada palabra—. Lamento este mal momento. Pero Bruno no es hombre al que se le ruegue amor. Si está enamor