Capítulo 31

Había pasado ya media hora desde que el doctor comenzó a atender a José, y los chicos aún no regresaban.

Daba vueltas impaciente en la sala, mientras Fara permanecía sentada en la escalera, frotando sus manos con nerviosismo.

La puerta se abrió de golpe, y ambos entraron completamente sucios. Fara se puso de pie de inmediato y se acercó a ellos.

—¿Qué sucedió? —preguntó ansiosa—. ¿Pudieron ver de quién se trataba?

—No vimos a nadie —respondió Damián, negando con la cabeza—. Mientras patrullábam
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