Habían pasado semanas y yo seguía asimilando mi embarazo. Cada mañana me miraba al espejo para ver cómo crecía lentamente.
No podía creer que mi vida había cambiado tanto estos meses. Había pasado de tener una vida sin rumbo a tener una familia, mi propia familia.
—Buenos días mi cielo —Enrolla sus manos sobre mi cintura acariciando mi vientre —. ¿Cómo amanecen las dos personitas más importantes de mi vida?
—Feliz y sin nauseas por el momento.
Reímos. Acaricia mi vientre mientras reparte bes