Capítulo 39

Despertar no fue abrir los ojos.

Fue volver a sentir peso.

Mi cuerpo.

Mi respiración.

Un dolor profundo, pero soportable.

Intenté moverme y el sonido constante de un monitor me recordó que seguía aquí.

Viva.

Abrí los ojos lentamente.

Luz blanca. Techo blanco. El olor limpio y frío de hospital.

Y luego... él.

Damián estaba inclinado hacia adelante en una silla, con la cabeza apoyada en el borde de la cama, su mano aferrada a la mía como si temiera que volviera a irme.

Tenía la barba más crecida.
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