Al llegar a la casa, los gritos de mi madre se escuchan claramente, incluso desde afuera. Cada palabra cargada de desesperación resuena como un eco ensordecedor. En la entrada, Nando está de pie, con el rostro tenso y el cuerpo rígido, como si quisiera desaparecer del lugar.
—¿Dónde está Bri? —pregunto con voz temblorosa, preocupada por lo que pueda estar presenciando.
—La señorita Paula se la llevó al centro comercial junto con uno de los choferes —responde Nando con un susurro de alivio.
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