Detrás de ella, el aire pareció trizarse con el sonido característico de una hoja seca al romperse bajo el peso de una bota militar. De entre las sombras densas proyectadas por los altos muros de piedra del palacio, donde la luz del sol no lograba penetrar, apareció una figura vestida con los harapos desgastados de la antigua guardia real: una de las "sombras" de Thomas, un guerrero cuyo rostro estaba marcado por las cicatrices de la guerra civil.
Aquel hombre era el único soldado de élite que