La virtud del Barón era un bálsamo amargo sobre una herida gangrenada. Gracias a su intervención, aquellos que habían sobrevivido a las últimas calamidades comenzaban a recibir un auxilio que llegaba con el olor de la caridad desesperada. Las contingencias climáticas no eran simples tormentas; eran latigazos de una naturaleza que parecía conspirar contra el reinado de Catherine. El cielo, un manto de nubes color plomo, escupía una llovizna helada que calaba hasta los huesos, transformando los c