—Vamos, te llevaré a casa.
Una vez terminados los cafés, Gerónimo se ofreció a llevar a la castaña a su morada. El camino de regreso, estuvo plagado de un silencio incómodo. Victoria no dejaba de mirar por la ventanilla y de preguntarse: ¿qué era eso que ocultaba Gerónimo?
Por su parte, Gerónimo se sentía prácticamente descubierto. Era obvio que él no se había acercado a ella, por una razón desinteresada. Sin embargo, tampoco lo hacía con el afán de perjudicarla, todo lo contrario, era conscie