No sabían exactamente cómo resultaría, pero habían elegido seguir el camino a la reconciliación.
Victoria había empezado a dormir con su esposo todas las noches, las cuales estaban cargadas de pasión y una entrega sin límite.
Se miraban a los ojos, probaban los labios del otro con devoción, mientras se dedicaban palabras de disculpas; todo aquello era una rutina, que si bien, ayudaba a renovar ese matrimonio, no solucionaba el verdadero problema que los acechaba cada día.
Gerónimo.
Había un