Samantha no solía visitar las instalaciones de “Textiles Shurpie”, pero esa mañana, luego de enterarse de que Jouseed Nurman había estado explotando a su amiga, le resulto inevitable no pisar el edificio de la compañía.
—Señorita Samantha, buenos días—dijo la nueva asistente del hombre, cuando el ascensor revelo su figura.
—¿Se encuentra, Nurman?
—Así es.
La morena asintió y se dirigió a la oficina que ostentaba de la siguiente inscripción: “Gerencia de marketing”
El italiano se encontraba conc