María Paula
Al llegar, respiré profundo. Prefiero quedar como una celosa, y no me quedo con la duda. Bajé del auto, mientras caminaba hacia las oficinas mi corazón parecía una locomotora. Reconozco que las inseguridades volvieron. No sería la primera vez que él hace algo por este estilo. Pero en el pasado no éramos nada, ahora vivo con él.
—Señora Villalobos. ¿Qué alegría verla por las oficinas?
—¿Señora? ¿Desde cuándo, Aurora? —sonrió.
—Hoy el joven me invitó a la cena de mañana por motivo de