Angélica.
El corazón me latía de manera acelerada, tanto que puedo jurar que Ernesto lo podía escuchar. No dijo nada, se dio la vuelta para salir de la habitación. Me cubrí el rostro con las manos. Lo perdí… Un fuerte nudo se apoderó de mi garganta; mis lágrimas salieron. ¿Cómo lo veré de nuevo como un hermano? No podría.
Unas manos apartaron las mías del rostro. Esos preciosos ojos verdes brillaban acompañados con su sonrisa maliciosa.
—Fui a ponerle seguro a la puerta.
—¿Qué?
Pero no respondi