Samuel.
Habían pasado tantas cosas en este mes y medio en que Gabriela regresó al apartamento. Me parece mentira cómo se habían desenredado nuestras vidas. Nos encontrábamos en el mueble; por su enorme barriga ya no podía dormir acostada en la cama, salió de cuentas y solo esperábamos que nuestra preciosa María Emma decida conocer a sus padres.
Era su delicioso comodín, me chantajeaba solo con decirme que podía dormir siempre y cuando fuera su almohada. Y mientras le acariciaba el cabello, reco