Samuel
¡Mierda! Ahora, ¿con qué me saldrán? —Nos sentamos. Mi madrina se había calmado un poco, aunque seguía atontada. Argemiro y Eulises se encontraban a su lado. Raquel salió corriendo a abrazar a Carlos cuando lo vio llegar.
—Familia, lo que voy a decirles no es malo, pero sí muy delicado.
—Habla Eros. —Sus ojos negros se posaron en mí.
—Tiene golpes físicos, los cuales sanarán. No presentó ninguna enfermedad venérea, pero…
—Pero ¡qué!
Fue Carlos quien exclamó, y mi madrina solo lloraba en