Lyra
El entrenamiento del amanecer me había dejado el cuerpo vibrando, pero mi mente estaba en otro lugar, me encontraba en la pequeña cocina de la cabaña, tratando de calmar el temblor de mis manos con una taza de té, cuando un golpe seco en la puerta me puso en guardia.
No era el toque familiar de Kael, ni la cortesía de Dorian.
Al abrir, no encontré a nadie solo una caja de madera de ébano sobre el umbral, con una nota escrita en una caligrafía impecable que reconocí al instante la de Dor