—Felicidades, señora Wyndham. Tiene cuatro semanas de embarazo.
Esas palabras golpearon a Isla como una súbita descarga eléctrica. Por un momento, no pudo más que mirar al doctor con incredulidad, con los labios entreabiertos mientras intentaba procesar lo que acababa de escuchar.
¿Embarazada? Había una pequeña vida dentro de ella; un latido que aún no había escuchado, pero que ya amaba profundamente.
Había soñado con este día tantas veces. Había soñado con formar una familia junto a Gabriel, co