Durante varios segundos después de que Victor habló, todos se quedaron quietos. Era como si todos los presentes comprendieran que algo había cambiado, y nadie se atrevía a respirar por temor a quebrar el momento.
Mercy se quedó paralizada, con el corazón latiéndole con fuerza. Miró la cara de Victor, conmovida no solo por sus palabras, sino por la manera cruda y franca en que las pronunció. No había condiciones en su tono ni segundas intenciones en sus ojos. Finalmente la había reconocido como s