Los mayores se reunieron en la sala de conferencias de la mansión Wyndham. Adentro había tensión. Pero el aire era fresco y olía a pergamino caro y espresso frío. Afuera todo parecía normal.
John Wyndham tomó asiento a la cabecera de la mesa. A su lado, Gabriel seguía inmóvil. Frente a ellos, Evelyn Townsend y Victor ocupaban sillones de cuero con respaldo alto que no crujían ni siquiera cuando Evelyn se acomodó para sostenerle la vista a John.
Evelyn fue la primera en romper el silencio.
—Creo