El silencio en la sala de juntas no cedió. Al contrario, se volvió más pesado sobre todos los presentes. Resultaba incómodo e imposible de ignorar, como si algo importante acabara de cambiar y nadie supiera cómo reaccionar.
Nadie habló después de lo que acababa de ocurrir. Mercy había desmontado cada argumento presentado en esa sala con datos que nadie podía refutar. Aun así, nadie estaba listo para aceptarlo.
Del otro lado de la mesa, los ejecutivos seguían rígidos. Algunos le esquivaban la mir