La primera luz del alba se colaba entre las gruesas cortinas de la suite principal, tenue y grisácea tras la tormenta de la noche. La lluvia había amainado hasta convertirse en un golpeteo suave contra las ventanas, pero el aire seguía cargado de sus secuelas, fresco y denso, como si el mundo entero recuperara el aliento.
Dentro, la habitación se sentía envuelta en calidez; los últimos rescoldos de la chimenea apenas brillaban y teñían de naranja las sábanas revueltas. El aroma a sándalo persist