—Esperé demasiado para esto —susurró contra su boca—. Quiero sentir cómo te aprietas a mi alrededor, centímetro a centímetro. Quiero verte la cara cuando te llene entera.
Le besó el cuello y bajó despacio, deteniéndose en el hueco donde le latía el pulso. Luego siguió bajando y se entretuvo adorándole los pechos. Se llevó un pezón a la boca, lo succionó despacio al principio y luego con más fuerza, mientras con la otra mano le amasaba el otro pecho. Mercy se arqueó con un gemido.
—Son perfectos