Mercy llevaba diez minutos mirando la misma página de su tableta. Los números de la pantalla se le desdibujaban. Las gráficas no significaban nada. Tenía la mente en otra parte.
No estaba en Wyndham Holdings. Ni en su nueva oficina. Mucho menos en su nuevo matrimonio. Estaba en un rincón más oscuro, uno al que había evitado entrar durante demasiado tiempo.
Sus padres. Y Richard. Las mentiras. Y la traición. Se reclinó despacio en la silla y se masajeó las sienes.
—Todavía creen que no lo sé.
La