El ambiente en la sala de los McKnight cambió en cuanto Richard y Lydia entraron. Richard fue el primero en quedarse paralizado.
No esperaba ver a Mercy ahí. Al menos no en esa casa, de pie con la frente en alto y mirándolo como lo miraba ahora, con asco.
La reacción de Lydia fue distinta. No fue sorpresa, sino rabia, celos y posesividad. Miró a Mercy con los ojos entrecerrados. Por primera vez en su vida, Mercy no se encogió ante esa mirada. Richard se recompuso enseguida.
—Mercy… —dijo con una