El condominio estaba a oscuras, aunque era media tarde. Las cortinas estaban corridas; las luces, apagadas. El olor agrio del alcohol espesaba el aire.
Richard estaba sentado en el suelo, con la espalda contra el sofá de cuero y una botella de whisky colgándole de la mano. La pantalla del televisor, frente a él, estaba pausada en un video de noticias.
Aurelian bajaba de una camioneta negra, con Mercy a su lado, radiante, intocable y casada.
La palabra seguía sin encajar. Dio otro trago largo. Le