Más tarde, una vez terminada la reunión, se llevaron al contador en jefe para que recibiera atención médica.
Tenía la cara llena de moretones. Aunque ya lo habían atendido, ni siquiera en ese estado lo dejaron solo. Dos guardias permanecían con él en todo momento, vigilando sus movimientos y asegurándose de que no intentara ninguna tontería.
No tenía escapatoria. De vuelta en la oficina de Gabriel, el ambiente volvía a estar en calma, pero la tensión no se había disipado del todo.
Gabriel estaba