Al extraño sonido de Isla le siguió otro grito. Isla se dobló hacia adelante y se apretó el vientre con fuerza, mientras la cara se le quedaba sin color.
—¡Isla! —gritó Gabriel.
En segundos estaba junto a ella y cayó de rodillas frente a su silla. Las manos le temblaban mientras le sostenía la cara.
—¿Qué pasa? Háblame. Por favor, háblame.
A ella le temblaron los labios.
—Gabriel… Me duele. Algo anda mal.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, otro dolor la atravesó, más fuerte que el primero. I