Isla estaba cómodamente sentada en el sillón, con la espalda apoyada en cojines suaves. Una de las manos de Gabriel descansaba con suavidad sobre su pancita de embarazada, mientras la otra tomaba bayas de un pequeño tazón sobre la mesa.
—Abre la boca —dijo Gabriel con suavidad, sonriendo mientras le acercaba una baya a los labios.
Isla rio bajito y obedeció.
—Estás disfrutando esto demasiado.
—Estoy alimentando a mi esposa y a mi bebé. Eso es un trabajo de tiempo completo —respondió él con orgul